domingo, 19 de junio de 2011

Principio y fin de un escritor

No lo pensé, simplemente elevé mi mirada por encima de lo habitual, y al igual que un niño que descubre que puede caminar yo descubrí el calor imperceptible que emanaba la luna.

No pude evitar realizar un signo de exclamación, su brillo, su color blanquecino, su esbeltez: era perfecta…

La miré con tristeza y melancolía; con emoción pero sin sentimientos; solo la miré. Ella allí, inmutable me observaba desde su lugar, inmóvil, como si se tratase de una partida de ajedrez y yo tuviera que hacer el primer movimiento.

La observé extasiado durante unos minutos, me di cuenta que me estaba llamando, era un suave zumbido en mi oído pero yo sabía que me llamaba. No pude resistirlo; jamás debí haber hecho lo que hice pero ya era demasiado tarde para retractarse, oprimí una serie de botones en forma mecánica hasta que los altavoces de control me pidieron una razón para el despegue. No hice caso y despegué…

Unas dos horas después la gravedad de la luna me había atrapado con su lazo invisible que se extiende hasta el infinito y aún más allá. No necesité aterrizar, ella me había ordenado acercarme lo suficiente; luego debía partir en dirección al sol… allí me dirigí…

Tomaría unos cuantos días llegar al sol a la velocidad normal, ella, la dueña de mi voluntad no me había exigido prisa así que deje que la nave se manejara por si misma.

 Mientras la luz del sol golpeaba cada vez más fuerte en mis ojos, yo realizaba esfuerzos aún mayores para ver a la luna que tras de mi se alejaba como en una horrible pesadilla en la que uno no puede alcanzar la puerta por la que piensa escapar del horrible monstruo que lo persigue…

De pronto fui liberado, esa música celestial que se entonaba en mi mente desapareció, solo hubo paz. Me tomó tiempo levantarme del piso y notar que mi cabeza sangraba, estaba confundido; ¿Qué había sucedido?, quizás había sido un sueño o una pesadilla, sin embargo el lugar en el que aparentemente estaba encerrado era plástico y metálico, parecía la estructura interna de una nave.

Traté de abrir la puerta y comprobé que efectivamente estaba allí contra mi voluntad, atrapado y sin la menor idea de que estaba sucediendo…

Al otro lado de la escotilla se oían voces, tenues en ocasiones y sonoras en otras, parecía un par de personas discutiendo; pero ¿Qué pasaba aquí?

No podía entender, primero ese sueño, de pronto aparezco atrapado en un cuarto en un lugar desconocido; oigo gritos, las paredes se mueven; escucho explosiones y unas criaturas de color verde brillante me miran a través de orificios que yo no había notado; me aterro, trato de retroceder y me golpeo contra una pared, me desmayo…

En un principio no me animo a abrir lo ojos, temo que al hacerlo me vea en un cuarto con criaturas verdes a mi alrededor; junto coraje y tanteo con la mano, no hay nada. Abro lentamente los ojos y solo veo oscuridad; ni un leve rayo de luz. Primero me alegro ya que hubiera muerto al ver esos extraños seres, luego me doy cuenta que ellos pueden estar ahí en la oscuridad sin que los vea, me parece ver ojos, uno, dos, luego son varios, muchos, decenas, miles; estoy rodeados por ojos de color rojizo que me miran, me miran hasta el alma, me están matando lentamente con sus miradas… las fuerzas se me van, caigo al suelo deseando desmayarme, perder la conciencia pero eso no sucede; millones de ojos punzantes como dagas se aferran a mis pensamientos; pequeños tentáculos fríos me rodean el cuerpo, trato de moverme pero me es imposible, sierro los ojos, me da mucho miedo, me orino en los pantalones cuando el pánico corre por mi cuerpo; puedo sentir la adrenalina desplazándose por mis venas y alertando mis sentidos; escucho voces…


-Pobre hombre…

-Mi esposa leía sus libros…

-Dicen que con tantas historias se volvió loco…

-Yo escuché que vio cuando su padre se suicidó…
-Si, y también la madre, trato de asfixiarlo con una frazada, cuando dejó de moverse se pegó un tiro en la frente…

-Dicen que el había creído que era un juego…

-Hasta que se quitó la frazada y vio lo que había pasado…

-Luego se fue a vivir con sus abuelos…

-¿Chocaron unos meses después?

-Si, solo él se salvó; luego fue al orfanato y le sucedió de todo…

-Pero fue un escritor único…

-Y lo hubiera seguido siendo si no hubiera dejado que sus fantasías se mezclaran con su realidad...

-¿Estabas allí cuando lo atraparon?

-Si, fue horrible, el parecía un cadáver, le gritaba cosas a una grúa, cuando esta se movió grito cosas como “criatura del espacio” y se golpeó contra un auto que pasaba por la avenida…

-¿Es verdad que se le veía…?

-Sí, en el impacto se partió el cráneo, podía verse su cerebro… Pero sus amigos dicen que el ya estabas loco de antes; lo lamento por mi esposa…


De pronto las voces desaparecen, reina el silencio, miro y la oscuridad me ciega, veo siluetas que se alejan, de pronto un resplandor y luces de colores, más voces que se acercan y se alejan; una niña está llorando, grita y llora, la madre debe estar con ella, hablan pero no entiendo lo que dicen…

Los tentáculos se abalanzan y tantean todo mi cuerpo, los resplandores continúan yendo y viniendo, las voces se hacen intermitentes… de pronto veo puertas, entro por ellas, una detrás de la otra, camino y camino sin llagar a ningún sitio. Miro en todas direcciones y veo que estoy en la playa, el agua toca mis pies descalzos, miro a lo lejos como se esconde el sol en el horizonte, una gaviota cruza por el cielo celeste, no hay gente ni plantas, de pronto no hay arena ni agua, la oscuridad reina nuevamente; veo a mi lado muchas siluetas; tras una ventana una niña y su madre lloran desconsoladamente; a mi lado veo máquinas conectadas a mi cuerpo que zumban reiteradamente; ¿Quiénes son esas personas que lloran? Me parecen conocidas pero no las veo con claridad; de pronto todo es brumoso; una de las máquinas emite un largo silbido que es callado por los gritos de las personas que me rodean que corren en todas direcciones; de pronto siento frío, un frío que me hiela hasta los huesos, delante de mi en medio de la oscuridad veo un camino y oigo una voz que me llama, detrás de mi el llanto de esa niña me pide que vuelva, que lo haga por ella, por ella y su madre, que no las puedo abandonar…

De pronto silencio… al abrir los ojos me doy cuenta que no me puedo mover, la claridad es segadora pero unos minutos después mis ojos se adaptan al brillo; estoy en un cuarto, luego de un rato me levanto pero no puedo mover mis manos, como si las tuviera atadas, o como si ya no las tuviera, las paredes están cubiertas de un material que desconozco, es blando y suave; veo la puerta y trato de abrirla, al no contar con mis manos me es imposible, pero tampoco tiene un picaporte para abrirla… miro a través de la ventana, un largo corredor, allí no hay nadie, nadie que me llame ni nadie que llore, grito pero no oigo mi voz, trato de pensar pero me es imposible, dentro de esa habitación hay mucho silencio, demasiado…

Luego de unos días pierdo la noción del tiempo, durante las noches sueño con seres espeluznantes que se acercan para comerme, por las mañana aún los veo, en algún momento, de alguna manera, alguien sin que yo lo vea ni lo oiga se acerca a mi y me alimenta, pregunto quien es pero nadie responde.

Luego de un tiempo ya no me puedo levantar, he adelgazado horriblemente y las criaturas me visitan cada un par de horas, trepan por mi cama y se sientan sobre mi pecho, yo, allí inmóvil y vulnerable, los miro mientras ellos lentamente me comen; un día una pierna, al otro día parte de mi cara, partes de un brazo; no hacen caso a mis grito, ellos continúan allí, me comen vivo…

Abro finalmente los ojos; a través de una ventana de un auto veo a mi hija llorando junto a mi esposa, los doctores me miran asombrados y veo el temor en sus rostros; estoy tirado boca arriba en una calle de pavimento, siento un poderoso dolor de cabeza y voces que me piden que me quede quieto…luego el silencio reina nuevamente…

El llanto de la niña, la voz que me pide que siga mi camino, el silbido de una máquina, el silencio, una puerta… del otro lado tiene que estar la salida, la respuesta; pero para averiguarlo tendré que cruzarla… la niña llora y la voz insiste en que siga adelante; yo no quiero volver, siento nauseas; de pronto caigo y el vacío se engulle mi cuerpo, mi mente, conciencia y espíritu; de pronto dejo de sentir, finalmente escucho el eco de un llanto y una voz que me llama, y luego…silencio…


18/06/2004


Kevin Heves Maranetto Vranich

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