domingo, 13 de noviembre de 2016

No recuerdo





No recuerdo bien como fue, pero él había terminado con el amor de su vida y aún estaba llorando su pérdida, ella de alguna manera llegó a él, quizás un mensaje, quizás comentó una de sus fotos, o leyó alguno de sus comentarios, pero hubo química de inmediato…
El encontró en ella un rayo de sol, alguien en quien sostenerse en aquella pena, con quien charlar hasta altas horas de la noche, a veces hasta el amanecer, a veces más aún, y ella encontró, sin dudarlo, su príncipe azul…
Pero el corazón de aquel joven estaba destruido, había tantos trozos desperdigados en su pecho, tanto dolor encogiendo su alma, que estuvo insegura de intentar la imposible tarea de conquistarle, además, ella no quería admitir que se estaba enamorando de él…
Palabra a palabra, día a día, situación a situación comenzaron a quererse, como amigos, como hermanos, como almas gemelas destinadas a estar juntas, pero no era fácil, les separaba la distancia, la edad, las costumbres y hasta las palabras… pero aquel cariño, con sus altibajos, no paraba de crecer…
Su santa paciencia fue reparando poco a poco el daño en el pecho del joven, quien le veía con adoración, era su salvadora, aquella amiga que le había tendido la mano cuando se hallaba sumido en el foso de la desesperación…
Quizás ella decidió dejarlo hacer su vida, puede que temiera que lo que sentía arruinara aquella amistad, o quería destruir sus sentimientos pues eran casi imposibles de llevar a buen puerto, lo cierto que se apartó a él, dejándolo a la deriva, sin cadenas y sin bote salvavidas…
Pero aquello que está destinado a estar junto no puede separarse más que un tiempo razonable, así que un día le saludó, casual, como siempre, pensando quizás apagado su fuego, creyendo quizás superados sus sentimientos, y él, con el cariño intacto, le saludó con la misma cortesía que si aquellos dos años hubieran sido dos días…
Comenzaron a platicar, cosas van cosas vienen, y de pronto hablo de ella…
Una muchacha, buena, más no perfecta, había ocupado un lugar en su vida, su corazón aún lleno de sombras necesitaba de alguien que le cuidara, y esta muchacha había llegado a ocuparse de ello en el momento que nadie más lo hacía, él, triste, solitario, abandonado a su suerte en un mundo que no entendía, se dejó acoger en los brazos que rodearon su cuello y depositaron besos en sus labios...
Decir que se enamoraron sería demasiado, él estaba muy lastimado para querer, ella era muy inocente, y la misma inocencia le llevo a enamorarse perdidamente de un amor idealizado, le quiso solo por el hecho de quererle, como quien ve un perro a la orilla del camino con sed y le acerca un poco de agua, así, con esa compasión latente en su pecho de mujer se acercó a este hombre meditabundo y se enamoró de él… ¿Amor? Nada puede parecérsele menos…
A lo lejos su rayo de sol escuchó la historia con modesta y falsa alegría, sintió en su fuero interno un torbellino de celos que creía eran imposibles de comprender, se controló como pudo y con la dudosa simpatía de la amistad siguió con el juego de años antes, escribiéndole de ves en ves, hablando como si la noche no terminara al comenzar un nuevo día, contándose sus íntimos secretos como si fueran uno solo, irremediablemente se enamoraron sin margen de duda…
Ella se iba a dormir meditando todo aquello, él estaba con alguien más, si antes había mil fronteras que los separaban, ahora existía una que no podía franquear un pasaje de avión, ahora había otra mujer, y los celos le hacían doler el alma ¿Porque se había demorado demasiado en reclamarlo para ella? Preguntándose porque no admitió su amor cuando fue el momento, dejándolo todo por refugiarse en sus brazos como había deseado hacerlo tantas veces, y pensó que habiéndolo perdido para siempre aun le quería para sí, pero no sabía si luchar por él…
Mientras, al otro lado del mundo mismo, en una cama, él estaba despierto junto a  otra mujer, sin poder cerrar los ojos, sin poder hacerle el amor, sin poder besarla en la frente ni acariciar su pelo, yacía en la cama de alguien que no llegaba a llenarle por completo, alguien que solo menguaba su soledad, que solo era una página más en un libro que no tenía buen final…
Llego entonces a las tres de la mañana un mensaje apasionado, revelando los sentimientos tantos años ocultados, esperando una respuesta, pidiendo, tan dulcemente como era posible, que dejara su vida actual por ella… y el meditó tanto aquello como era posible…
Podría haber respondido tantas cosas, haber creado falsas esperanzas, haberse hecho el desentendido, haber propuesto que le diera tiempo, haberle prometido el cielo, haberle confesado lo que sentía por ella… y lo vacío que se hallaba en aquella cama…
Pero hacía ya casi 10 años una mujer le rompió el corazón, sin razón, sin motivos, llegó hasta él, luego de compartir tantos dulces momentos y le dijo que aquello no iba más, simplemente le dejó y se fue con otro hombre…
Lloró recordando tantas humillaciones, como se arrastró por ella, como rogó que volviera, implorando una oportunidad de ser mejor persona, prometiendo hacer lo que fuese necesario, ofreciendo el cielo y el infierno, si debía hacerlo, venderle su alma al diablo…
Nada fue suficiente para aquella otra mujer que de todos modos lo abandonó, dejándolo librado a su suerte con una herida irreparable en su pecho, ahora, una vida entera después, las cosas eran al revés, yacía en el lecho de alguien que lo quería sin sentir lo mismo a cambio, entregando cada día la oportunidad de ser enamorado, fallando cada día no habiéndolo logrado…
¿Qué sería de esta chica si le despertaba para decirle que no la amaba? ¿Lloraría como lloro él? Jamás se perdonaría causarle a alguien el dolor que le habían causado, moriría de ser necesario antes de hacer aquello, no se permitiría jamás dejarlo de intentar, aunque supiera que fuese una batalla perdida, sabiendo aun que le alejaban de su felicidad, que le prohibía estar junto al amor de su vida… aún pese a todo, se quedaría a su lado, dibujaría una sonrisa por la mañana, y derramaría lagrimas por la noche, pero solo cuando ella durmiera, cuando ella no lo viera, y así sería… cada mes, cada año, la vida entera de ser necesario… quizás fuera infeliz toda su vida… pero ella no lo sabría jamás… ella podría ser feliz, como no pudo serlo, hace una década, él…
Pero tampoco podía lastimar a aquella amada que le había revelado sus cálidos sentimientos, y el dilema, presente en su conciencia, no tenía una salida fácil, no una en la que él se beneficiara, pero si de verdad la quería solo podía hacer una cosa por ella: dejarla libre…
Con todo el afecto del mundo halló las palabras para rechazar las tan deseadas intenciones, con un nudo en el pecho y un sabor amargo en la garganta le pidió que buscara un amor que estuviese a su alcance, que ella no era para él, y que él no la haría feliz, le explicó como pudo que aquello era un imposible, con el suspiro frio del intimo deseo, de que ella adivinara con que dolor decía aquello…
Pero ella solo escucho lo que quería escuchar, se sintió despechada, ofendida, herida, no comprendió que entre todos los dolores aquel era el único que le otorgaba la libertad de hallar felicidad anidando en otro pecho, cobijándose en otros brazos, ella merecía ser feliz, si le odiaba… pues que le odiara, él lo resistiría, siempre que ella fuera feliz… no volvería a lastimar a una mujer si podía evitarlo… y obligarla a esperarle quizás la vida entera, (quizás no), vistiendo santos, por un amor suyo, maniatado a los brazos de otra persona…. No, aquello no era vida, así que le pidió que abriera sus alas y volara sin él…
Ahora que lo pienso, tampoco recuerdo bien el final de esta historia ¿Quizás él seguía junto a quien no amaba una vida entera? ¿Acaso el tiempo los separaba pero el amor de aquella muchacha ya había echado raíces en otro corazón? Me gustaría decir que ella le espero de todos modos, que con el tiempo terminaron juntos, que un día lo visitó y el beso de aquellos labios menguó hasta la luz del sol y le hizo olvidar la espera, pero lo cierto… es que no recuerdo que sucedió…

Kevin Heves Maranetto Vranich

19/03/2013


lunes, 9 de mayo de 2016

Viaje imposible I



Se habían conocido como se conocen muchas personas en internet, por casualidad, o quizás por el destino, pero eso no podrían saberlo en ese entonces
Una charla sin sentido llevo a otra, se despidieron con un “luego hablamos” y realmente hablaron luego, y al día siguiente, y al siguiente de este, durante meses enteros…
Dejaron de sentirse extraños, intercambiaron fotos, videos, llamadas, secretos, sueños y confesiones, con los años dejaron de sentir que la enorme distancia los separaba, porque sentados en sus computadoras se hallaban tan cerca el uno del otro…
Tuvieron momentos mejores y otros no tan buenos, le tocó sufrir a él, en silencio, cuando algún chico cortejaba a su dama sin nada que pudiera hacer, deseándole lo mejor, alentándola a ser feliz, extrañándola profundamente cunado aquellas charlas diarias desaparecían por semanas enteras…
Pero las cosas no siempre funcionaban como debían funcionar, el abrazo frío de la soledad siempre hacía que ella volviera y ahogara sus penas en aquel muchacho tan distante que parecía comprenderla tan bien, que se convertía por momentos en parte de sus sueños…
Un día fue su turno de caer en los brazos de cupido, otra chica, quizás más bonita, quizás no, pero que se hallaba a una distancia que él podría recorrer cada día, alguien que podía abrazarlo como ella solo había podido soñar, besarlo como lo había besado en sus más íntimos sueños, tenerlo frente a si, como ella solo había podido tenerlo en su corazón…
Frustrada acabo por apartarse otra vez de él, busco el amor con ansiada desesperación, si aquel que su alma deseaba no podía se suyo hallaría quien mitigara la soledad en la que se sentía sumida, sin embargo, el amor no tocaba a su puerta, los besos que a los chicos robaba no dejaban de parecerle vacíos ni apartaban del todo sus pensamientos de aquel a quien había deseado besar sinceramente…
Una vez más compartió sus confidencias con el único que sentía que la entendía escondiendo dentro de si los celos que la abrumaban por no ser ella misma la mujer a su lado…
A veces llegaba a pensar que él jugaba con ella, pero en otras oportunidades hubiera podido jurar que él la amaba sinceramente, aquel duelo la volvía loca, llegó a pensar las más alocadas ideas…
Imagino que el abandonaba la mujer que tenía a su lado, que lo abandonaba todo y tomaba el primer vuelo para estar solo con ella, otras veces imaginaba que era ella quien no podía resistir e iba a buscarlo, a apartarlo de aquella persona que no podía amarlo como ella lo amaba, a veces simplemente pensaba que estaba totalmente loca que nada de aquello pasaría…
Pero un día, envueltos en profundas confidencias él la invitó a visitarle, a conocer su país, su ciudad, su gente, su mundo, y de pronto, al volverse aquella posibilidad real la horrorizo ¿Realmente quería hace aquello? ¿Realmente quería verle? ¿Sería capaz de tenerle frente a si sin dejar que sus profundos impulsos se apoderasen de ella?
La venció la sensatez, es verdad que era importante en su vida, que le conocía desde siempre, pero ¿Le conocía? ¿En el fondo no era un desconocido? ¿Viajaría a un país desconocido solo para conocerle? ¿Quedarse en la casa de alguien que no había visto más que a través de un monitor? Tuvo miedo
Al principio debía terminar unos estudios importantes, luego no tenía dinero, cuando consiguió el trabajo no tenía el tiempo, hasta que un día descubrió, que, sin quererlo, sin planearlo, había deseado tanto la oportunidad de estar con el que había ahorrado lo suficiente para visitarle… pero ¿él querría verla aún?
Solo necesitó un momento de locura, un instante del valor que no tenemos todos los días, ese segundo que cambia nuestras vidas para siempre, así que cuando le mando el siguiente mensaje estaba sobre un avión rumbo a un sueño desconocido…
Cuando el avión aterrizo en un país extrañó estaba llena de miedo, de dudas, de preocupaciones, confusa, con el deseo irrefrenable de coger el próximo vuelo de nuevo a casa… hasta que lo vio…
Allí estaba el, esperándola, con una sonrisa amplia y sincera como nunca antes había visto, con una mirada de profunda alegría que cualquiera podría haber confundido con el más puro amor, ni siquiera se dio cuenta que corrió y no se detuvo hasta estrecharse en los brazos de aquel muchacho que ya era todo un hombre, la oprimió contra su pecho conteniendo la emoción, acaricio su pelo y le susurro
Me alegra que hallas venido…

Kevin Heves Maranetto Vranich


9/5/2016


Viaje imposible II



Aquel abrazo parecía acallar todas sus dudas, consolaba todas sus penas, le hacía sentir la seguridad que nunca ningún hombre en su vida había podido otorgarle, aquel, el abrazo de su más íntimo confidente, de su ilusión más profunda, de un perfecto desconocido…
Diez años habían pasado desde el primer hola en un chat, meses incontables donde se conocieron poco a poco, donde lamentaron que la distancia que los separaba no les permitiera aquel mágico momento que ahora era suyo… un sueño que nunca había desaparecido del todo, excepto quizás cunado él había encontrado una pareja en su vida… sin embargo, pese a ello, allí estaban, en aquel aeropuerto, ella después de un viaje de tantas horas aferrada a él como si temiera que de soltarlo desparecería…
Con cuanto temor abordó aquel vuelo, con cuánta incertidumbre, sin saber que estaba haciendo, si quería tener en sus brazos un amigo o el amor de su vida, pero aquello estaba prohibido, el pertenecía a alguien más, sin embargo, en aquella mirada parecía pertenecerle solo a ella, estaba tan confundida, por eso no quería soltarle, temía fuera solo un sueño
-          Ven, vamos
La tomó de la mano y la guio para recoger sus maletas, ella se dejó llevar sumida en el placer de que todo estuviera sucediendo finalmente, subieron a su coche y recorrieron la capital de aquel país, él se movía con soltura, como si guiara a un turista por aquellas calles, excepto cuando le miraba y sonreía, aquello era destinado solo para ella.
Cada segundo que pasaba su confusión crecía, parecía tan cercano, tan afectuoso, a la vez tan distante, tan apartado, un equilibrio místico, parecía que en la siguiente palabra, en la próxima vuelta de esquina, en frente de la contigua vidriera se voltearía para abrasarla y besarla… pero no sucedía…
Se preguntó si no estaría imaginando todo aquello, si su deseo, si sus fantasías no habrían nublado su juicio y él no era más que un amigo alegre de su compañía, disfrutando el simple y sano placer de mostrarle su ciudad… trato de calmarse, pensar que aquello era todo, sin embargo, no dejaba de pensar que había más, muchísimo más…
Cuando el día fue llegando a su fin tomaron el coche de nuevo, quedaban varias horas hasta la ciudad donde él vivía, trato de dejar de lado aquellas dudas existenciales de su alma y platicaron fluidamente, aunque cada palabra parecía cargada de doble sentido, cada gesto de una insinuación, cada sonrisa de una invitación, no puedo evitar apartar aquello de su mente, el tenía alguien más, como podía permitirse ella pensar aquellas cosas… así descubrió que lo amaba…
¿Qué otra explicación podía existir? No había otro motivo por el que se gastara todo su dinero en aquellos pasajes volando al fin del mundo, que tantas horas que debió dedicar al estudio las paso charlando con el hasta la madrugada, cuántas veces se escapó solo para ver si obtenía un simple hola de su parte, solo esto podía explicarlo todo, y necesitó hallarse junto a él en un viaje de tres horas en coche para comprenderlo de manera clara e indudable… Lo amaba, y él estaba con alguien más…
-          ¿Te sucede algo?
Negó, como podría admitir aquello, murmuró por lo bajo ¿Cómo se había dado cuneta si estaba prestando atención a la calle? Pregunta tonta, el parecía saber que pensaba, sabría también lo que acababa de descubrir, no supo responderse eso, le miró a escondidas, podría jurar que si…
Finalmente llegó a su casa, conocido a la joven simpática que vivía con él, aunque la invadieron los celos al cabo de unos días le callo simpática, degustó su comida, recorrió su ciudad, vivió su mundo durante diez hermosos días, y cada noche al irse a dormir pensaba en escuchar su respiración, al despertarse deseaba que su voz fuera la primera en desearle los buenos días…
Pero aquella mágica situación no duraría para siempre, llegó el día en que ella se iría, él la llevo hasta el aeropuerto, tres horas que se hicieron mil, silenciosas, había un dejo profundo de tristeza, así como si fuese un sueño y era hora de despertar…
Antes de subir al avión lo tuvo de nuevo frente a si, había viajado hasta allí para descubrir que le amaba, y ahora se iría con ese secreto de nuevo a casa, con la duda de si él lo había descubierto o no, de si el sentía aquello o no… pensó en el valor que había necesitado para abordar el primer avión, decidió ser valiente de nuevo… le abrazo con todas sus fuerzas y el regreso su abrazo, le miró a los ojos y el regresó su mirada, entonces le tomó de las mejillas y deposito en sus labios el beso que ansiaba desde hacía tanto tiempo, y juraría que el respondió aquel beso como nunca nadie lo había hecho … como un susurro y un temblor en la vos se atrevió a preguntarle
-          ¿Qué hubieras hecho si este beso te lo hubiera dado cuando llegué? ¿Qué hubiera sido diferente?
-          Si lo hubieras hecho lo habrías descubierto…
Cuando él le dijo adiós, le dio un último beso… con sabor de “hasta luego…”



Kevin Heves Maranetto Vranich

09/05/2016


Visita inesperada


   Había terminado las tareas del colegio y fue a la cocina por un refrigerio, el reloj en una de las paredes indicaba que estaba ya entrada la madrugada, fue en ese momento que escuchó un coche detenerse frente a su casa, momentos después las luces y el ruido a motor se alejaron para dar paso a unos golpes suaves en la puerta. Sus padres hacía rato dormían y no era hora que su hermano volviera aún. No sabía quién pudiera ser. Y sintió un dejo de preocupación dudando si debería atender o no.
   Se acercó expectante a la puerta y observó a través de la mirilla. Se le escapó un suspiro. No podía ser lo que veía al otro lado. No pude evitar pensar que debía haberse quedado dormía mientras terminaba sus tareas o tomaba un vaso de leche…
   Conteniendo la respiración. Convencida que aquello era un sueño, abrió la puerta con lentitud y desconfianza. Sin lugar a dudas, mojado y tiritando de frío, allí estaba él.
   Llevaban meses escribiéndose. Encariñándose. Enamorándose. Se habían contado sus más profundos secretos, se habían desnudado el alma el uno al otro y hablaron de verse algunas veces, pero vivían tan lejos uno del otro que era algo imposible... sin embargo allí estaba allí
   Le regresó una mirada expectante. Una sonrisa trémula. Llena de calidez vibrante. Ella estaba casi enmudecida. Alcanzó a preguntar qué asía allí. El logró responder que no podía pasar un día más sin verla y sin pensarlo siquiera había juntado los ahorros de su vida y con algo de suerte había llegado hasta allí. Ahora, concretada tan alocada aventura impulsada por las más íntimas fibras de su ser sentía cumplido su sueño y podía regresar, en su casa estarían preocupados por su ausencia. A nadie había contado de aquello loca aventura... jamás lo hubieran dejado, con solo 17 años era aún un niño para sus padres ¿Cómo le permitirían cruzar el país por tan alocadas razones…?
   Ella negó. Lo tenía allí. No podía permitir que se fuera, no ahora, menos así. Lo tomó de la mano y él se dejó conducir. Como si el tacto tibio de la femenina piel le hubiera quitado toda voluntad.
Se deslizaron con furtivo silencio por un pasillo, ella abrió la puerta de su cuarto y lo jaló dentro.    Cerró tras de sí. Quien sabe que hubiera dicho su familia si supiera que a esa hora de la madrugada. O a cualquier otra. Había un muchacho en su habitación
   De pronto se dio cuenta de lo que había hecho y la invadió el pánico. Se calmó sólo al ver la mirada del muchacho que tiritaba de frío y parecía apunto de colapsar de los nervios
   Susurró que le buscaría una toalla. Y el negó con la cabeza. Sólo dijo que debía irse. Una y otra vez. No había planeado aquella situación, el solo había deseado ver su sonrisa sin que hubiese una línea de fibra óptica de por medio, él había sentido la imperiosa necesidad de verla, y ahora estaba allí, en una ciudad extraña, dentro de una casa desconocida, quien sabe que le hicieran si le descubrieran las personas que dormirían al otro lado de aquellas paredes, que haría ella si se dejaba poseer por el impulso indomable que le asfixiaba por tomarla en sus brazos y...
   Ella se aferró a él, no podía permitir que se fuera
   -Comprenderme. Debo irme. ¿No lo entiendes?
  Lo miró a los ojos. Se conocían tan bien. Como no lo entendería. Si veía aquellas extrañas emociones en sus ojos azules. Las mismas que danzaban en los femeninos ojos verdes. El miedo. El deseo. La delgada línea que le impedía perder el control y hacer realidad sus más íntimos sueños.
   Él tenía razón. Ella lo sabía. Debía irse. No podía quedarse...
   Finalmente, él tuvo el valor de retroceder usando el último soplo de su voluntad. Pero la mano de ella no se deslizó. Lo sostuvo firmemente. Aunque sabía que debía marcharse no lo permitiría. Jamás le permitirá marcharse sin robarle el cálido soplo de su aliento.
   Sus brazos de quinceañera rodearon el cuello del joven. Los ojos se enfrentaron como nunca lo habían hecho, sin pantallas de por medio, pero con las mismas poderosas ilusiones. Los últimos intentos de voluntad de aquel muchacho se estaban consumiendo. Finalmente, uno de ellos sucumbió.    Los labios se alcanzaron en el más fino Rose de un beso...
   Cuando la luz del sol entro por la ventana para despertarla, justo antes de abrir los ojos, le regaló a la mañana su más tierno suspiro, insegura de si aquello había sido o no un sueño, insegura de si quería que lo fuese o no… y con miedo, con dudas, con ilusiones… abrió los ojos…

Kevin Heves Maranetto Vranich


9/5/2016


martes, 30 de septiembre de 2014

Dios y sus mensajeros:


Era un sabio muy reconocido en sus dotes curativas que en busca de inspiración para nuevas sanaciones había tomado un serpenteante camino entre las montaña buscando plantas que tenían propiedades muy particulares y necesarias para el bien de la humanidad, sin embargo durante el ascenso, intentando una escalada peligrosa, resbaló y callo por un lado partiéndose varios huesos del cuerpo, inmovilizado casi en su totalidad
Como conocedor de la materia, le tomo pocos momentos comprender que se hallaba a punto de morir necesitaba atención inmediata para detener la hemorragia, para evitar una obstrucción que le ponía en peligro, y por supuesto, ser trasladado a la mayor brevedad a un hospital, pero en aquel solitario lugar aquello era lo mismo que condenarse a morir
Se reconfortó un momento pensando que así le socorriera alguien sin ningún conocimiento en medicina el mismo podría indicarle como tratarle y al menos retrasaría la hora de la muerte

- DIOS MIO - rogó el hombre - siempre e sido hombre de fe y bondadoso con quien me a necesitado, he dedicado mi vida a realizar el bien a los demás, curar niños, salvar vidas, cuidar a los enfermos, apiádate de mí ahora que necesito de tu divina ayuda

Ni bien finalizó estas palabras escuchó pasos y se alegró puesto que su oración había sido tan raídamente respondida, en pocos segundos un hombre de buen vestir y bastón pasaba a su lado con absoluta indiferencia

- OIGA - gritó molesto - como puede pasar a mi lado sin socorrerme, no ve usted que estoy gravemente herido por resbalarme por esa cuesta
- Perdone Usted - indicó el hombre con cara nerviosa volteando a su lado - no puedo ver en absoluto, he perdido la vista, dígame donde se encuentra que puedo hacer por usted, ¿es muy grave?
- Si no puede ver no puedo pedirle demasiado, hágame favor de ir hasta el pueblo más cercano y pedir ayuda, espero aun respirar cunado envíen alguien por mi

Ni bien se hubo marchado el hombre ciego con paso presuroso el sabio herido alzo al cielo la vista y rogó de nuevo

- Dios mío por qué te burlas así de mí, tu fiel siervo que siempre obró según tus mandamientos enviando alguien incapaz de verme siquiera tendido a un lado del camino, envía Dios mío alguien que pueda verme para socorrerme

En respuesta a sus ruegos escuchó pasos una vez más, en esta ocasión caminaba desde el otro lado un hombre, cual fuera la decepción del herido al comprobar que esta ves aquel sujeto carecía por completo de sus brazos
Este, al verle, corrió a su lado de inmediato preguntando que podía hacer por el

- Hace muy poco estuvo aquí un hombre que no podía ver y fue por ayuda, me temo que yo no viva hasta su regreso, puede usted ir por alguien que me socorra

Con toda amabilidad el hombre sin brazos se apartó en la dirección que había marchado el hombre ciego intentando darle alcance para socorrer aquel pobre hombre que había hallado herid a un lado del camino, una vez más este elevaba a su Señor una oración

- Dios mío, no te burles más de mí, me hallo al borde de la muerte, casi sin fuerzas ya, pronto debería estar en tu reino si así lo deseas, pero es el mío permanecer aun en este mundo para ayudar a otros, permíteme quedarme, envía a mi alguien que pueda atender mis heridas, te juro que le indicare la mejor manera de tratarme y sobreviviré el tiempo suficiente para que venga la ayuda que los otros hombres han ido a buscar

Una vez más en respuesta a su ruego oyó pasos, en esta oportunidad un hombre que llevaba ropa raída, caminaba descalzo y parecía que acababa de ser atacado por unos asaltantes se aproximó hasta él y de inmediato comenzó a palparlo y rasgarle la ropa tocándole las heridas

-Por el amor de Dios no ve que estoy herido, tenga cuidado ¿Qué HACE? Maldición – el sujeto de inmediato se llevó la mano a los labios y en los oídos en un claro e inconfundible gesto – Dios como has podido hacer esto de enviarme ahora un hombre que no puede escucharme ¿cómo sabrá entonces que hacer?

Y tanto se revolvió luchando contra el hombre sordomudo que intentaba mantenerlo quieto que acabo por desangrarse y morir antes que la ayuda llegara
Llegó entonces el sabio a las puertas del cielo y se encontró frente a frente con el Señor

- Dios mío por qué me has hecho esto, acaso no podría yo haber hecho aun mucho bien alá en la tierra
- lo hubieras hecho sin duda
- No merecía señor entonces vivir otro tiempo en la tierra
- Lo merecías
- Dime entonces porque enviaste a mi tres hombres que no pudieron hacer nada por mi, cómo pudiste burlarte así de mi sufrimiento
- Nunca podría burlarme de tu dolor hijo mío, fue tanto mi pesar cunado sentí tu ruego que de inmediato mande una persona a socorrerte
- Señor ese hombre era ciego
- Así es, era un reconocido cirujano que estaba retirado luego que una desagradable enfermedad le quitara la vista, si le hubieras indicado que debía hacer nadie en la tierra mejor que él hubiera cuidado de ti y tus heridas
- Comprendo que quizás no supe valorarle, peor por qué señor mío enviaste luego a un hombre que no tenía brazos
- Pediste alguien que fuera capaz de verte a un lado del camino y socorrerte antes que nadie, ese hombre que acudió a ti había perdido sus brazos en un accidente, pero era un maratonista olímpico y nadie antes que él hubiera podido traerte ayuda medica
- Puedo entender eso también, pero porque cunado rogué por alguien a quien guiar enviaste un hombre incapaz de irme
- Hijo mío, escuché tu ruego, pero estabas demasiado malherido, eras incapaz de cuidar de ti mismo pese a tu gran sabiduría estas heridas no eran tu especialidad, el último hombre que envié por ti era un socorrista, el más experimentados de cuantos puedas hallar en la tierra, comprendió lo grave de tu situación e intento mantenerte tan quieto como fuera posible, pues había visto al hombre que corría por ayuda y sabia su prioridad era mantenerte con vida, pero tanto te retorciste entre sus manos que te desangraste y estas aquí…

Moraleja: a veces Dios no da lo que pedimos y no somos capaces de valorarlo, a veces no da lo que pedimos y no podemos comprenderlo, a veces no da incluso más de lo que pedimos y somos incapaces de aceptarlo.

A veces lo que Dios hace llegar a nuestra vida no es perfecto, no es exactamente lo que nosotros hubiéramos querido, pero si aprendemos a dejar de lado nuestro orgullo y recibimos su gloria con las manos abiertas sin prejuzgar podemos salvar incluso nuestras vidas… a veces, de cosas peores que la muerte…

Kevin Heves Maranetto Vranich

30/09/2014




miércoles, 13 de agosto de 2014

Dime





-Vamos, dime la verdad ¡DIME QUE YA NO ME AMAS!
La miraba a los ojos algo cegado por la frustración y las lágrimas que intentaban brotarle, la tenía tomada por los hombros y el cabello de ella le acariciaba los dedos de la mano, por Dios que podía sentir el perfume de su pelo d ela misma manera que lo había hecho varios años antes, y llevaban unos cuantos ya sin verse
No podía creer como había pasado el tiempo, la vida los había llevado por caminos tan distintos, y sin embargo, allí, en aquel momento y lugar, el destino había vuelto a cruzarlos, como demonios se había llegado a aquel extremo de que ahora la tuviera al alcance de un beso y le hubiera preguntado aquello era todo un misterio
En ese momento no pensó en ninguna otra cosa que no fuera ella, olvido de momento que estaba casado y buscando un hijo, que uno de sus amigos lo miraba algo apartad inseguro de interrumpir aquella situación, ni siquiera le importó la historia de aquella mujer que ya no era para nada la que él había conocido, y sin embargo, muy en el fondo, podía sentir el palpitar de su corazón como la primera vez que se habían besado
Los sentimientos de ella parecían inescrutables, su silencio languidecía en el asomo de una sonrisa triste, apenas curvando los labios como solía hacer, humedeciéndolos solo lo necesario con la punta de su lengua, sus ojos, tan oscuros y profundos como siempre parecían el vacío infinito y misterioso de una noche sin estrellas, sin embargo, el joven muchacho estaba seguro de entender que tras aquella aparente calma había toda una tormenta…
No quería pensar en la clase de mujer que era ahora, en la vida que llevaba ni de lo que se hablaba de ella, en ese instante en que el tiempo había decidido detenerlos solo la recordaba como la niña tímida que había temblado entre sus brazos a la hora de conocer las delicias del amor, lo demás, no le importaba en absoluto
Fue apenas el rebozo de un suspiro que pareció atraer su atención, por la mente de la muchacha divagaban infinitas respuestas a una pregunta tan simple, respuestas tan bien ensayadas, sin embargo, al pasar los años pensó que no iba a tener que responder a aquello nunca más, y sin embargo, allí de nuevo, tenía sus manos posadas sobre si, sintiendo aquella tibieza que le estremecía calándola tan profundo en su ser como era posible, y en aquel momento aquel discurso tan ensayado se dispersaba como una fragancia en el viento…
Ya no era la misma que se había sabido protegida en sus brazos, en otras etapas de su vida quizás, recordaba vagamente la protección que aquel calor familiar le había proporcionado, pero, es verdad, que otros brazos le habían provocado otras muchas emociones que aquel chico jamás había sabido provocarle, y siendo así, por que era tan difícil dar la respuesta que él, de todas formas, sabía ya que recibiría…
El muchacho no pudo aguantar más tiempo la vista y la aparto, mantener la ilusión de que aquel amor tan puro que había llevado desde siempre en su interior se mantenía intacto era imposible, la vida le había enseñado que este poderoso sentimiento es muy traicionero, y la piel de aquella joven había experimentado caricias que le había arrebatado sentimientos muchos más cautivadores que el amor, y aunque fugaces, habían, poco a poco, borrado las marcas que sus propias caricias hubieran causado… ella ya no era la misma, y no estaba seguro de sentir lo que sentía por ella… sentía que amaba la sombra de lo que alguna vez aquella mujer fue…
Notó que los labios de la joven se despegaban, deslizó entonces las manos que aprisionaban sus hombros y posó su dedo índice sobre los femeninos labios obligándola a callar, descubrió de la manera más cruda que no quería conocer la respuesta, fuera cual fuera le haría daño, no quería creer que el amor profesado había muerto en aquella joven completamente, pero tampoco le consolaba saber que aún vivía puesto que ya no la amaba como antes… aolo amaba quien ella había sido, alguien, que muy en el fondo, sabía que había muerto…
Le sonrió, le dedicó su mejor sonrisa, llena del amor que tenía, de miedo a perderla que siempre sufrió, de consuelo, esperanza y recuerdo, le sonrió con la franqueza que solo él le había sonreído, y notó en la tempestad de sus sentimientos que ella, a través de aquella sonrisa, recordaba una vez más todos los buenos momentos compartidos en el pasado… pero solo eran parte del pasado…
Se fue, dejándola confundida, atrapada en la eterna interrogante de si aún lo amaba, quizás por eso ningún hombre había saciado e apetito de su corazón, o acaso ya no era capaz de amar a ningún hombre. Le hubiera gustado poder decirle lo que sentía, llenarle de sus dudas y temores para que él los solucionara como siempre había hecho cuando estaban juntos, pero el ya no le pertenecía ¿O si?
-Vamos, dime la verdad ¡DIME QUE YA NO ME AMAS!
Le gritó ella antes de que se alejara por completo, él se limitó a voltear solo un segundo para verla pr última vez y sonreír para si, todo estaba endemoniadamente claro para ambos, y sin embargo, esas fueron las ultimas palabras que se dijeron el uno al otro… cunado una simple respuesta lo hubiera cambiado todo…


Kevin Heves Maranetto Vranich

13/08/2014