domingo, 25 de agosto de 2019

A su manera




El pulgar del muchacho froto la mejilla de la muchacha limpiando una lágrima, olvidando de momento que sus propios ojos brillaban lleno de dolorosas perlas
Hacía tiempo que estaban juntos, habían pasado por momentos muy buenos, y otros muy complicados, el estaba, en el fondo, lleno de dicha de haber hallado una compañera que saciaba plenamente su corazón y le permitía encontrar un rayo de luz aún en la más absoluta oscuridad…
Pero ella era un tema aparte, sin importar cuantas caricias saciaran su piel, cuántos besos llenaran de dulzura sus labios, cuantas miradas alimentaran el fuego de su alma o cuantas palabras endulzaran su corazón, así, sin importar cuánto aquel chico le diera desde lo más profundo de su ser, acababa siempre sintiéndose vacía, siempre le faltaba algo, incompleta.
A veces sentía que él no la quería, otras que era demasiado soberbio, algunas que no la escuchaba, o que si lo hacía no le prestaba atención, que no quería hablar con ella o que cuando quería hablar el momento era inoportuno, al fin, sin importar que pasara, no dejaba sentir que algo no estaba bien
Había pensado muchas veces dejar todo atrás, pero sus palabras estaba llenas de una dulzura inigualable y acababan derritiendo sus defensa vez tras ves, sus brazos la envolvían con fuerza sin importar cuán tenaces fueran sus esfuerzos para apartarse, y su corazón se ablandaba a fuerza del calor brindado por el de aquel joven…
Pero a medida que los días pasaban sus decepciones parecían acrecentarse, y a él costaba cada vez mas doblegar esos impulsos hirientes de la joven, las discusiones se sucedían con mayor frecuencia y con una intensidad vertiginosa..
Dudar de su querer hubiera sido blasfemo pero cada día sentía que se acercaba más al punto sin retorno, al fatídico momento en el que no podría solucionar las cosas, en el que no importara cuanto la quisiera ella acabaría yéndose igual, tarde o temprano se convencería que él no era el adecuado sin importar nada…
Al principio había logrado calmarla con facilidad, pero a medida que las cosas se dificultaban había comenzado a perder terreno, sus fuerzas flaqueaban más que su cariño, al principio dejaba escapar una lagrima a escondidas, pero últimamente terminaba escondiéndose y llorando larga y profundamente. La quería pero ella no era capaz de verlo, de sentirlo, de comprenderlo. No quería perderla pero, inevitablemente comenzó a sentir que era algo inevitable, y pese a resistirse a ello con todas sus fuerzas la idea comenzaba a apoderarse de él, y si bien la olvidaba en aquellas largas tardes de idilio, en aquellos instantes dulces que dejaban esas absurdas diferencias atrás. Pero regresaban poco a poco en la siguiente discusión, en la siguiente pelea…
Aquel día ella lo dijo por última vez “-Todo debe hacerse a tú manera-”…
Así empezó y así termino, él miró a su alrededor, esta no era su manera, nunca había sido su manera, ni en su peor pesadilla aquello se parecería a su manera, el detestaba las peleas, odiaba las discusiones, este no era su estilo y daría cualquier cosa por cambiarlo, pero ese día fue el ultimo…
La miro a los ojos, que mas daba, ese día acepto que había perdido, así que se acercó a su oído y le murmuro su secreto más profundo, aquel efímero suspiro que solo una persona antes de ella había escuchado en aquellos labios “-Te amo-“
Luego sonrió, aun con lagrimas, aun derrumbado, destruido, en el fondo repitiendo una trágica historia anterior, beso su frente viéndola pasmada, viendo en sus ojos una metamorfosis interna que de pronto para él perdió todo sentido, se levantó, juntó sus cosas en un bolso mientras ella intentaba detenerlo, y la miró una última vez antes de cerrar la puerta, cuando se alejo, calle abajo, no regresó jamás…
Ella por primera se quedo sin palabras, no quiso hablar y quiso decirlo todo, pero cuando se dio cuenta el ya iba por la calle con su maleta en la mano dispuesto a  no volver…
Le demostró su amor día tras día llenando de calor su alma tras cada discusión, hasta el día que lo consumió todo por completo, finalmente le dijo aquello que había anhelado oír tantas veces, pero al terrible precio de que sería la única vez que lo escucharía de sus labios, y la única vez que esas palabras significarían algo para ella
Y se quedo, sola y vacía… libre de hacer las cosas a su manera…

Kevin Heves Maranetto Vranich

25/08/2019

viernes, 12 de julio de 2019

Un día cualquiera…



Marcos llegó a su casa, cansado, después de un día largo de trabajo. Saludó a su mujer despertándola con un beso, para que se fuera a trabajar. Y mientras ella se iba a levantar salió al patio, juntó leña y prendió la chimenea para que la casa se calefaccionara.
Revisó los papeles de la mesa, cuentas atrasadas, una advertencia del alquiler, las cuotas del auto, un cheque sobregirado y una lista de compras para el supermercado.
Su mujer ya se había dado un baño, le dió un beso rápido y fue corriendo a la parada del bus, a los 5 minutos regresaba entregada porque lo había perdido. Así que tocó ponerse una campera, coger la llave del coche y llevarla hasta el trabajo, el tanque marcaba casi vacío así que a la vuelta paso por la estación y hecho los últimos pesos en gasolina, la lista de compras iba a esperar.
De nuevo en casa notó varios platos en el fregadero, iba para dos días si no tres ahí, su mujer había tenido días no tan buenos y se le habían pasado, así que pensó en echarle una mano, él odiaba lavar platos, pero una vez no era para tanto.
No encontró el jabón, la esponja era un hilito miserable, así que fue al almacén de Manolo que siempre les fiaba, ya que estaba ahí compro un paquete de fideos y regresó
Pensó en lavar la olla primero, la necesitaba para las pastas, cuando la cogió noto una manija floja, así que salió con la olla medio sucia para el galpón donde estaban las herramientas, así apretaba la manija antes que pasara un desastre
Abrió la puerta y maldijo, hacía mucho tenía pendiente ordenar aquel galpón, pero nunca había tiempo, busco en el cajón de los destornilladores y no lo encontró, dejo la olla sobre un estante y empezó a revolver otros cajones, seguro su mujer lo encontró por ahí la ultima es que lo uso y lo guardo en algún otro lugar, pero en los cajones no estaba
Se rasco la cabeza, puteo dos veces y maldijo tres. Acabo sacando los cajones y volcándolos en el piso, se sentó en un taburete bajito que tenía y comenzó a guardar cada cosa en su lugar, cuanto rato le llevo la tarea ni idea, pero los cajones quedaron ordenados
Pinza en manos regresó a la casa, pensando en arreglar el resto después, miro alrededor ¿Para que era que había ido a buscar la pinza? Miró alrededor completamente despistado, como no encontraba que era lo que debía arreglar, opto por irse al baño, tanto estar incomodo le habían dado unos retorcijones terribles.
Cuando tiro la cadena se zafó el piolín que hacia rato se zafaba, así que fue por la pinza para apretar el enganche dentro del sifón. Le sacó la tapa y revisó el mecanismo, no era tan complicado pero se mojó hasta el apellido intentando que la palanquita que ya estaba toda torcida quedara en su sitio. Con mucho orgullo puso la tapa y probó si funcionaba, anduvo perfecto.
Se saco la ropa mojada y aprovecho para pegarse un baño, el chiste fue que cuando salió no había toalla. Y con el frio que hacía tuvo que pasearse por la casa buscando una que estaba seca. Agarró ropa del armario, se vistió entumecido a mas no poder.
Fue en busca de calor en la chimenea, pero está casi se había apagado, no había dejado leña de repuesto dentro, así que busco el camperon, lo encontró mojado en el baño, puteo, de nuevo, y salió con lo puesto a buscar algo mas de leña, estaba lloviznando, regreso medio mojado y medio congelado buscando a quien culpar, y ahí, como castigo por los malos pensamientos tiro al pasar una botella de la mesa haciendo un estropicio en el suelo
Dejo los palos donde debía y fue a buscar un trapo, escoba y pala, estaba en la tarea de recogerlo todo cuando llamaron a la puerta, hecho un ovillo de nervios dejo las cosas en el rincón y salió a ver que pasaba
Que habían sido los niños del barrio jugando, tocaron timbre y corrieron, les dijo varias cosas poco agradable, miro alrededor, los perros había desparramado la basura iban a atascar el desagüe si llovía, así que de nuevo adentro a buscar una bolsa para juntar un poco quien sabe cuántas cosas que ni saba de donde habían salido, en eso estaba que se vino la tormenta, dejo la bolsa junto a la puerta y se apuro a desconectar los televisores no fuera que un rayo se los quisiera quemar… se corto la luz, se sentó un segundo en el sillón, parpadeo, y cuando abrió los ojos estaba allí su mujer, con una furia tremenda…
Que porque era tan vago, que hacia una toalla mojada en el cuarto, que porque había una pinza en la mesa de la living,  porque no hizo la comida, que no era su sirvienta para que le dejara los fideos junto a la cocina recordándole que tiene que cocinar, ya sea de paso donde había dejado la olla, porque había una montaña de ropa mojada en el baño y una botella rota en el piso, que ni siquiera había prendido la estufa, y le había dejado la bolsa de basura junto a la puerta, la hubiera tirado, que los perros la iban a  desparramar, que no servía para nada, que llevaba mucho sin ordenar el galpón y quien sabe cuánto más…
-“Aunque sea me hubiera ayudado con los platos ¿y las compras? “-concluyó
El bajó la cabeza, le dijo que la amaba y eso la hizo enojar más, agachó la cabeza, tenia sueño pero si se iba a dormir iba a ser peor. Trato de encender la estufa, pero la leña estaba mojada y no quería prender…

Kevin Heves Maranetto Vranich

12/07/2019



domingo, 17 de junio de 2018

Carta a la suegra




Muy buenos días, quiero presentarme.
Yo soy el culpable de muchas rabietas suyas, y seguiré siendo el responsable de muchas noches en vela, momentos tensos, discusiones y algún que otro mal entendido.
Soy quien hará que su hija pase muchas horas despiertas por la noche, hare que derrame algunas lágrimas sin poderlo evitar, le daré dolores de cabezas y muchas sonrisas. Seré un tema de conversación para ella, y también una razón para mantener secretos, miedos y vergüenzas.
No dejaré que se duerma temprano porque le escribiré a menudo o platicaremos hasta que nos venza el cansancio, escondidos bajo las frazadas, o tomando aire en el patio aunque halla 10 grados bajo cero. Y seré la razón por la que se duerma algunas veces por la mañana cuando debería ayudarle en la casa, o hacer sus propias actividades, pero también le daré buenos motivos para levantarse con entusiasmo sabiéndose querida como pocas muchachas pueden serlo.
También soy la persona por la que pasa menos tiempo hablando en familia o contando que hizo en el día, puesto que ahora esas cosas me las cuenta a mí y soy yo en quien ocupa sus largas horas de ocio sinsentido. Sabe que puede compartir conmigo el final tonto de una telenovela, la estafa de que le cobraran de más por ese labial, la preocupación de esa manchita que salió en un lugar donde pocos pueden mirar, el deseo de hacerse ese tatuaje prohibido, o comprarse aquello que sabe muy bien que no debe comprar…
Soy el motivo indiscutible, de que si entra al cuarto por la noche, mientras duerme, la ve esbozando una sonrisa. También el causante de su pena cando pasan las horas y no llamo o no podemos comunicarnos. El culpable sin miramientos que la mantiene pegado al celular o la computadora más horas de la que fuera adecuado. Y quien le inspira los más dulces pensamientos que Usted no puede imaginar…
Aunque no lo quiera admitir, soy quién usted no conoce, pero que ella conoce muy bien, y por eso soy la persona que le causa tanto miedo, porque yo, y ningún otro como yo lo hago, le ha robado el preciado tesoro del corazón de su hija
¿De cuántos miedos soy responsable? ¿De mil o de un millón? Porque soy la causa de mucha preocupación, como saber si soy el adecuado para ella o no, si solo quiero divertirme o es en serio mi intención, si sabré cuidarla o la voy a lastimar, si la trataré como una reina o de forma vulgar, será ella la única en mi vida, la más importante, o solo una más. Como no temer que un día conmigo se marche de su hogar ¿Y a Donde irá a parar? Como saber si seré como tantos que se entregan por despecho a una mujer olvidando las pasiones vividas con otra, o peor aún, que en otras apagan las pasiones que con su hija no pueda hallar ¿Puede quizás el malvado destino haberle puesto en el camino de su tesoro un mal hombre? Quizás mujeriego, o puede que sea bebedor, y si ha caído en peores vicios como la drogadicción… ¿Tendrá valores morales o será un mimado y malcriado de la sociedad? Y si es un golpeador, violador, asesino…
Perdóneme señora si en este punto yo me rio, es verdad que Usted no me conoce para nada y tiene libertad de pensar cuanto mal su imaginación de madre le pueda permitir, el día de mañana me tocará ser padre y actuaré igual, y si todo sale bien mis hijos sean nietos suyos y Usted también va a temer por ellos como temeré yo, y veremos cuál de los dos siente entonces mayores miedos, porque para mí aquello será nuevo, pero Usted será la voz e la experiencia, porque ya habrá pasado por eso…
Acaso, hace muchas lunas atrás, cuando la Juventud adornaba sus mejillas inocentes no paso usted similar ocasión, y no dio más de un dolor de cabeza a sus padres temerosos de su elección… Y mírese ahora, quien sabe cuántos años después, formando una familia de bien, y con una hija que le pretendo quitar yo…
Quiera mi suerte sea repetir esa simple ecuación, y educar a mis hijos con los buenos valores que Usted a los suyos educó, y que sepan elegir con el mismo buen tino que su hija eligió…
No quiero ser soberbio, pero desmerecerme, eso no. Porque tendré mis defectos como los tiene el mejor varón, pero también hay buenas virtudes, y de esas ella se enamoró. Que si tan bien educó a su hija puede recriminarle acaso su elección?
Este soy yo, y sé que puede gustarle o más probablemente no, pero soy el camino que ella decidió andar de aquí en más y le agradezco que con bien la trajera a mis brazos al día de hoy. Soy quien va a quererla y cuidarla en su lugar, a causarle mil sonrisas y quizás alguna lagrimita aquí o allá, quizás me vea como un villano en esta película de la vida, pero yo prefiero verla como una amiga, porque de todas las mujeres en el mundo solo usted forjó a la que quiero más…
Atte. Su yerno

Kevin Heves Maranetto Vranich

17/06/2018


jueves, 26 de abril de 2018

Los años que habían pasado…



Habían tenido una discusión tonta esa tarde, cuando llegó la noche no la habían resuelto, ambos se fueron a dormir, él se acomodó en la cama, prendió la tele, y puso un partido que había visto por la tarde, ella tomó del cajón de la mesilla junto a la cama una revista que había leído ya diez veces y comenzó a ojear las páginas con un interés superfluo…
Cada uno en su mundo, en sus pensamientos, pero juntos en la misma cama, sintiendo no muy lejos el calor de la compañía, él había trabajado por la mañana, en la tarde se había ocupado de cortar el pasto y hacer unas refacciones que llevaban mucho en la lista de pendientes, estaba cansado, quería dormir, pero el sueño estaba dispuesto a hacerse rogar
Relojeó con el rabillo de la vista a su mujer de tantos años enfrascada en la lectura, hubiera jurado que había visto muchas veces esa revista en sus manos pero no estaba seguro, no hacia tanto que usaba esas gafas de marcos anchos, no le gustaban de marcos anchos pero a ella sí. A él le gustaba ella…
Ya no era la mujer de tantos años atrás, aún en su mirada discreta notó la papada que antes no tenía, esos hilos de plata que se comenzaban a entreverar con su cabellera negra, esas arruguitas que habían empezado en la comisura de los labios y los ojos y poco a poco habían ido avanzando como lo hacía la gramilla del jardín sobre la quinta.
No necesitaba verla ni tocarla para saber que sus añorados pechos duros y tersos ya se dejaban caer a sus lados, como dos bochas de helado que les dio el sol y comenzaron a derretirse. Su cola tan firme de la juventud ya no lo era, sus muslos habían perdido aquella atlética condición, la piel de todo su cuerpo ya no tenía la suavidad que lograba recordar, sus dedos exploraron alguna vez, ella hacía tiempo que había dejado de cuidarse como en los años mozos…
Poco a poco había comenzado a depilarse más espaciadamente hasta el punto de casi no hacerlo, tuvo la ligera tentación de estirar su mano y posarla sobre su barriga, que en un pasado fue tan firme, y ahora dejaba entrever unas estrías que la hacían perder la compostura, no había gimnasio ni dieta que dejara pasar desapercibido el nacimiento de dos hijos…
Esta mujer que envejecía a su lado estaba tan lejos de aquella jovenzuela ardiente que le había llenado de pasión en una juventud, tan escondida en sus recuerdos, su energía no era la de antes, las tareas del hogar habían comenzado a pasar factura y ya no tenían esos arrebatos de amor tan comunes cuando la relación había comenzado… su atención regresó al partido, venía el gol que le interesaba ver…
Ella desvió la vista apenas, estaba concentrado en el televisor como si de una droga se tratara, la tercera vez que veía lo mismo, que tenía de divertido ver tres veces el mismo partido, y si llegaban a repetirlo al día siguiente lo volvería a ver, estaba segura, o miraría los comentarios en algún programa deportivo, no entendería nunca a los hombres… ni siquiera a su hombre…
Sacó rápidamente la cuenta de cuantos años llevaban juntos, cuantos de casado, de pasada recordó cuando se conocieron, cuanto faltaba para el aniversario, para su cumpleaños y el de su hijo mayor que ya era este mes, todo en una fracción de segundo… y luego retrocedió al día que lo conoció… ¡Como cambio!
Se le había caído mucho el pelo, las entradas eran profundas y ahora su cabellera morena era completamente plateada, su barriga se había hinchado perdiendo aquella figura atlética de la juventud. No solo su barriga había cambiado aquello, ya no tenía aquel espíritu, aquella energía inacabable que la enamoró hace tantísimo tiempo. Ahora cuando salía del trabajo estaba cansado, necesitaba una siesta antes de ponerse con cualquier actividad de la casa, y cuando las hacia su paso lento no le permitía terminarlas todas, poco a poco se acumulaban trabajos pendientes…
Hacía meses que la casa estaba para pintar, el pasto que hoy había cortado debía haberse dejado prolijo una semana atrás, y no había podido recogerlo, quedaría para el día siguiente. Había una canilla que goteaba desde hacía meses “que vería pronto” y quedaba aun pintar el cuarto que se había dejado para después cuando se pintó el resto de la casa por dentro…
Los años se habían comido aquella energía viril, habían desfigurado al hombre atlético del que se había enamorado, extrañaba esas noches que entregados en la pasión los sorprendía el amanecer, cuanto había pasado desde que sus manos ásperas habían explorado los íntimos rincones de su cuerpo femenino. De pronto el partido terminó, apagó el televisor y cerró los ojos. Ella dejo la revista en la mesilla, apagó la portátil y en la oscuridad se quedó mirando el techo, de pronto sintió su mano sobre ella, y durante un momento le dio vergüenza que sus formas ya no fueran las de su juventud... Sintió su cuerpo pesado arrastrarse en la cama muy junto a su lado, sintió su aliento respirarle en el cuello…
-“Te Amo”…
-“Yo también te amo”
Y se durmieron olvidando que los años habían pasado…

Kevin Heves Maranetto Vranich

26/04/2018



martes, 24 de abril de 2018

Siete regalos



No muchas personas saben cómo Sara termino con Luis, pero yo si lo sé.
Fue hace mucho tiempo, cuando en sus ojos aun brillaba la ilusión, y sus labios aun dibujaban sonrisas sinceras. Una época en que sus pechos y glúteos rebosaban firmeza, y su cuerpo tenía la figura de una modelo de revistas.
En aquellos tiempos todo hombre que se jactara de serlo posaba sus miradas en ella con deseo, con anhelo, con ganas de poseerla por entero. Y fue allí, en esos gloriosos tiempos de su pasado que un día dos hombres juntaron el valor para hablar con ella, confesarles sus íntimos sentimientos y obsequiarles hasta la ida a cambio de su tiempo…
Sara se había jactado siempre de no ser superficial, es importante aclararlo, ni materialista, ni ninguna de esas cosas que tantas cicas miran a la hora de buscar pareja, y es crucial dejarlo claro, porque ambos pretendientes se parecían muy poco entre si…
Luis era un chico simple, muy simple, no le negaremos que tuvo sus aventuras, como todo chico, que hizo cosas que no debía y otras que si, pero era buen muchacho, era un joven que había abandonado la mala senda encontrando mucho apoyo en Dios, y este lo había encaminado en la vida.
Luis no era un modelo, pero no era un hombre feo, fumaba, de vez en cuando, salía los fines de semana, algunas veces bebía de más, pero nada fuera de lo normal para jóvenes de su edad. Había heredado algo de dinero de unos parientes, tenía una pequeña empresa pero no le daba las ganancias que deseara, vivía con los lujos que podía permitirse, que no eran demasiados, pero alquilaba un buen apartamento en el centro y su coche era de un año reciente… pero enfrentado los gastos de cada mes, no le quedaba demasiado excedente…
El otro chico, era muy diferente. No en apariencia, allí solo era distinto, ni más lindo ni más feo, solo distinto. También tenía sus aventuras del pasado, y se le conocían al menos dos relaciones formales agotadas en el fracaso donde ellas decidieron partir buscando algo mejor. Su moral no era muy alta, y su autoestima muy baja, pero Sara lo había enloquecido y por eso había decidido decirle cuanta la quería… el mismo día que Luis
Al menos tenía claras ventajas, él había iniciado de abajo, pero consiguió un buen trabajo, su sueldo era bueno, tenía una casa modesta en las afuera, un auto no demasiado moderno pero que le llevaba y traía de los viajes que le fascinaban, ganaba más de lo que gastaba y poco a poco veíase brillar para él un gran futuro, y Luis sabía que su competencia allí le llevaba una gran ventaja….
Sara no pudo evitar notar esto mismo, y quiso ser imparcial, respondió que meditaría un día entero al respecto y que a la tarde siguiente tendría una respuesta, así que al verse al caer el sol sabía muy bien que les diría. Les propuso que cada uno tendría una semana entera para demostrarle cuál de ellos la quería más. Podrían darle un detalle cada uno estipulado en una lista que trajo consigo, al pasar la semana quien demostrara mayor amor merecería ser correspondido…
El primer día debían traer un presente floral, Luis entrego un ramo de rosas perfectamente empaquetado, era muy claro que se había gastado buena parte de su dinero en él, no era el más costoso, eso era evidente, pero debió costar bastante, sin embargo, el otro joven solo trajo una rosa con un tallo retorcido lleno de espinas aunque de una fragancia muy agradable.
Al día siguiente que debían proponerle una salida, la llevó a caminar junto al mar, una parte fueron por la costanera, y ora parte regresaron por la arena, con los pies dentro del agua, fue simple, divertido, sincero, Luis en cambio decidió llevarla a el cine, a ver un estreno que sabía le iba a gustar y luego bailaron toda la noche en una discoteca de renombre.
El tercer día el joven la invitó a comer a su casa, pues así correspondía, no fue algo elaborado, unos simples tallarines que a su parecer, estaban pasados de cocción, Luis la llevo a un restaurante fino y Sara comprobó sus apuros económicos al verle pagar la cuneta.
Supo que Luis había pedido dinero prestado para comprarle el suéter tan bonito que vieron en una tienda, mientras el otro joven había aparecido con una bufanda tejida de un color salmón que no sabía con qué diablos podría combinar.
El día del regalo de las joyas, el joven temeroso se acercó con unos aretes muy bonitos, de plata, pero que evidentemente habían sido usado muchas veces, Luis prefirió ir a una joyería para que ella escogiera lo que le pareciera mejor, y firmó un pagaré muy comprometedor por ello
El anteúltimo día debían realizarle una dedicatoria, así que Luis le pidió que escuchara una emisora en particular a una hora acordada, y allí de su parte, recitaron los versos más románticos que él pudo encontrar en libro alguno, el otro joven, sabiéndose ya muy comprometido entrego un papel arrugado que rezaba de la siguiente manera

“Sara
Se que es poco lo que darte puedo
No bajaré las estrellas del cielo
Ni llevare la luna a tu ventana
Pero siempre serás mi Sara…”

Fue tierno, negarlo no podría, y con un dejo de melancolía, la bella dama espero el siguiente día, cuando cada uno debería demostrar, de una manera muy personal, cuanto la amaban y siempre la amarían…
Pero todos sabemos que el destino es un jugador habilidoso, y el tiempo, cómplice potencial, le gusta hacer mal cuando todo va muy bien, y cunado ese día la jovencita despertó, muy mal se sentía, y fueron pronto al doctor, donde le dieron triste noticia, Sara, la joven y dulce Sara moría, y muy poco podía hacerse, debía de urgencia ser trasladada, a un país lejano donde podrían ofrecerle costosa cura, más lo padres de la bella muchacha nada podían hacer, no tenían el dinero ni a quién acudir por el….
Sin saber nada de esto la niña cayó en un sopor, perdió el conocimiento, y cuando regreso, habían demasiados días pasado, hallábase sola completamente en un lugar desconocido, y solo estaba Luis a su lado alegre de verla despertar…
Ella se mostró efusiva de ver una cara amiga, hizo muchas preguntas que el no pudo contestar, pero al final el hizo una sola que ella debía responder
-“Sara, amada mía, sé que estas mal, pero me veo en la obligación de preguntar, ya pasaron los siete días, tu corazón escogió a quien amar?
-Mi corazón no tienes dudas –respondió con escaso aliento- te vi gastar hasta lo que no tienes por darme las mejores cosas a tu alcance, cuando el que tenía tanto más que tú no lo hacía, creo que es claro que a ti te importó mucho más que a él, así que deseo ser feliz contigo..
Se besaron, antes que el sacara un sobre cerrado del bolsillo se besaron, durante un momento se olvidaron de donde estaban o que hacían ahí, se besaron, porque se querían, muchos dirán incluso que se amaban, y cualquiera que los viera besarse así lo creería…
Él estaba muy emocionado y olvidándose de todo se disculpó y fue a buscar agua, ella encontró el sobre su cama, con su nombre, con la letra de él…
Dentro había una carta… muy breve, pero que decía demasiadas cosas…

“Sara, te amo

Pero ya sé que tomaste la decisión de estar con él, y está bien que sea así, yo ya no tengo más nada que ofrecer…
Cuando pediste flores pensé que sería muy vulgar comprar un ramo para ti, por caro que este fuera, tu eres demasiado especial y merecías un flor especial, en mi casa hay un rosal, y había florecido la primer rosa, me pareció que sería mejor que cualquier otra por eso te la di…
Cuando pediste una salida, pensé que cualquiera te lleva al cine, a bailar, a un patio de compras, pero el mar tiene tantos secretos y es tan hermoso, tan hermoso y profundo como tú, esperaba que eso fuera mucho mejor que ninguna otra cosa…
Sé que esperabas te llevara luego a comer, pero, cualquiera puede hacerlo, es igual si es un carrito en la esquina o un restaurante costoso, no siento que hala amor allí, así que pase un día entero aprendiendo a hacer pastas y las prepare para ti con todo mi amor, espero que te gustaran…
Igual sucedió cuando pediste una prenda, cualquiera va a una tienda y te compra ropa elegante, pero yo quería algo personal que nadie más pudiera darte, mi santa madre en mi juventud me enseñó a tejer, y por más que busque solo había lana salmón en mi casa, pero lo que importaba era la intención, así que hace varios días para tejerte esa bufanda, espero que te proteja del frio en invierno…
También eran de mi madre esos aretes, ella me los dio para que te los entregara si realmente estaba enamorada, hace tiempo fueron de mi abuela, y de su madre antes de ella, sé que no son tan valiosos, pero es tradición que solo puedes darlo si amas de verdad…
Finalmente, el día que pediste te dedicáramos algo, créeme que busque muchos poema y frases de amor hermosas, me leí libros enteros sin encontrar una sola palabra que revelara lo que siento, al final te escribí esa esquela con lo que me broto del corazón…
Luego me entere que habías enfermado, que era muy grave, lo difícil de la situación. Que morirías si no reunías el dinero. Así que vendí las cosas que tengo para que pudieras viajar y realizar el tratamiento, y como sé que te sentirías sola pensé que Luis te haría sentir mejor, después de todo, ya no tengo más nada que darte, porque no me ha quedado nada, excepto un último regalo, mi bendición para que seas feliz junto a Luis…”

Hoy tantos años después, Luis hace tan feliz como puede a su mujer, pero su mujer aprendió hace tanto tiempo que no siempre entendemos lo que tenemos… hasta que lo perdemos…

Kevin Heves Maranetto Vranich

24/04/2018



lunes, 26 de marzo de 2018

Mujeres…

Será que hay mujeres que tuvieron besos de esos que del corazón nacen sin saberlos aprovechar, las hay que han tenido un hombre de esos que piden disculpas cuando se saben equivocados, y que abrazan con tal fuerza que le quitan a una del cuerpo todo mal y toda tristeza, trayendo en las manos humildes aquel presente tonto, casi siempre escondido y hecho a mano, para recordar que llevan un año más juntos.


Mujeres que tienen quien las lleva a recorrer el mundo, porque para él el mundo es quien le acompaña, y le dan vida a cada experiencia. Mujeres que dejan atrás esos hombres que le dan la mano para cruzar una calle transitada porque temen por ella, la misma mano que le tienden cando los problemas la asfixian y necesita que la saquen a flote. que malogran hombres de escasos cumplidos, pero que cuando le brotan nacen de tan adentro y son tan sinceros que brillan como el sol en la noche más oscura, hombres que le dejan el alma en un poco de tinta y papel...


Si habrá mujeres malogrando hombres que se guardan bien adentro sus problemas para no traerles tristezas, pero que trasmiten en cada mirada el anhelo de volver a tenerles a su lado, esos que aun agradecen de corazón algún simple detalle que cualquier mujer debe a quien ama, hombre que tomaran la vida a broma si es necesario por hacerlas sonreír cuando todo parece estar en su contra...


Esos hombres, mujeres, que están ahí para hacerte mejor persona, para hacerte digna de todas las miradas y atenciones, para hacerte una en un millón, y no otra del millón. cuantas de Ustedes dejan ir ese hombre que nunca volverán a encontrar, por un poco de orgullo, por una calentura en otros brazos, por unos besos más ardientes pero menos sinceros...


Mujeres, porque lloran por esos hombres que realmente son hombres, si cuando lo tienen no lo valoran...

Kevin Heves Maranetto Vranich

26/03/2018



lunes, 29 de enero de 2018

Aquel hombre





10 años ya, habían pasado tan rápido que ni siquiera se había dado cuenta de lo que esa década significaba para ellos, él miraba su sonrisa en una foto que tenía desde hace un tiempo en la mesa de luz, para recordarla, tenerla siempre presente…
Cuantas mujeres que habían eventualmente ocupado su cama preguntaron por la joven de la foto… ¿Es tu novia? ¿Tu ex? ¿Tu hermana? ¿Tu amiga?
¿Cómo explicarle quien era? Era su todo y quizás más, fue la única que estuvo allí cuando aquel gran amor de su vida se fue, y le dejaron el corazón partido en un millón de pedazos, la única que se quedaba desde que salía la luna hasta que salía el sol con él, conversando de cualquier tema sin importancia, peleando algunas veces, confidentes en otras, demostrándose que para el cariño no hay barreras, no importa ni la política, ni la religión, ni un equipo de futbol, ni tu edad o la nacionalidad… ni siquiera la apariencia… eso era lo que menos importaba…
No podía evitar recordarla como en los viejos tiempos cuando cerraba los ojos, esa muchacha gordita y simpática que le había caído en gracia de inmediato, cuyo aire peleador le provocaba mas de un disgusto, y sin embargo que alma mas bella tenia, que pureza en aquella mirada cuando le envió la primera foto, con el tiempo se vieron en videos y pudieron hablarse y se sintieron tan cerca… tan lejos…
A veces pasaban varios días, incluso semanas, o hasta meses en que nada sabían el uno del otro, pero como todo lo que se arroja al cielo regresa a la tierra, o las estrellas que desaparecen al alba regresan al anochecer, siempre acaban de nuevo juntos… juntos en la irremediable distancia…
A veces ella le reprochaba las mujeres con las que se encontraba, algunas le parecían mejores que otras, otras le escandalizaban, odio algunas, las menos las aceptó…
Sabía él también de sus romances, de esos niños chamulleros que llenos de palabras bonitas le llenaban el corazón de entusiasmo, pero a la hora de demostrar lo que son sentimientos puros no tenían ni idea de como resolverlo, y él se reía cuando hablaban de ellos, y ella se enfadaba. Y el mas reía. Le quería tanto que no le deseaba mal alguno, pero que podía pretender que en un mundo como el de hoy llegara a su vida un caballero que la hiciera feliz, con el que se casara, tuviese hijos, armara una familia y viviera una vida larga y plena…
También deseaba eso para él, pero las mujeres ya no eran como antes, muchas buscaban un encuentro casual, y quien buscaba algo serio no era capas de entregarse, aprendió a vivir en la sociedad del consumismo, si la tele se rompe se tira y se compra otra, si el celular se daña va a la basura y se sustituye, era mas accesible comprar un auto nuevo que reparar el que se tenía… ¿Qué podría esperar la gente fuera diferente con la gente?
Bastaba una discusión para que una relación terminara, caer en la monotonía de lo cotidiano, no salir a comer ese sábado especial, olvidar ese aniversario, no ponerse celoso que salió con aquella persona, ponerse celoso que salió con esta otra… y allí, siempre la foto sobre la mesa de luz, lo miraba cuando se iba a dormir y pensaba estas cosas, solo o acompañado era igual… no quería todo esto para ella, se merecía algo distinto…
Habían terminado de platicar hacia una hora, festejaron su decimo aniversario como dos amantes que nunca se han tenido, rieron, contaron bromas, se pusieron al día, recordaron el pasado, y mientras hablaban a través del video él la vio de verdad después de tanto tiempo…
¿Dónde estaba la niña que el había conocido hacía una década? ¿Esa muchacha con unos kilitos de más y mirada inocente? ¿Cuándo los años habían dado forma a aquel cuerpo, estilizado sus facciones, redondeado sus caderas, modelado su anatomía al punto de volverla tan bella mujercita? ¿Cuándo aquella inocencia que veía en sus ojos se convirtió en esa cómplice picardía, en ese brillo seductor que esconde un alma asfixiada en el fuego de tantas pasiones incontrolables?
Y después de 10 largos años, cuando se fue a dormir, envuelto en otros brazos, miró la foto que había en su recamara, y por primera vez desde que tenía memoria, no pudo pensar con claridad, ni desear que encontrara al hombre perfecto que la hiciera feliz…
Luego de 10 años, seseo ser él aquel hombre…

Kevin Heves Maranetto Vranich

29/01/2018